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No hay que
olvidar que un nombre es para toda la vida. Y si el nombre causa gracia
entre los futuros compañeros de la escuela del niño es obvio que los demás
niños se burlarán del nombre. Tampoco hay que olvidar que los
nombres que están de moda hoy dejaran de estarlo en 10 ó 20 años. Cuando
el bebé crezca lo más seguro es que el nombre ya no suene tan bien como al
principio o, lo que es peor, que ese nombre llegue a tener mala fama en el
futuro.
Asimismo, si le
ponemos dos o más nombres al bebé, sus amigos y familiares escogerán sólo
uno de esos nombres y será el que usarán para hablarle, causando confusión
sobre si se llama de una manera u otra. O el mismo bebé cuando sea grande sólo
usará uno de estos dos nombres, convirtiendo el otro en una inicial y usándolo
solo completo para tramites legales.
Tal vez lo más
acertado sea poner al bebé un nombre tradicional, que sea corto, que junto
con los apellidos suene bonito al pronunciarlo, con la ortografía correcta,
fácil de recordar. Es conveniente imaginar que nosotros tenemos ese nombre
que le queremos poner a nuestro bebé y pensar en las experiencias propias
de nuestras vidas. Haciendo esto será fácil escoger el más
correcto.
Fuente:
Paginita.com
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