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Cada
ciudadano español incluye en su dieta 30 kilogramos de pescado al año, lo
que nos sitúa, detrás de Japón y Portugal, en los primeros puestos del
consumo mundial de este producto.
El pescado tiene
una composición en nutrientes parecida a la carne: proteínas de gran
calidad, grasas o lípidos, pequeñas cantidades de vitaminas, sales
minerales y purinas. No contiene hidratos de carbono y en función de la
cantidad de grasa se dividen en pescados grasos, semigrasos y azules.
Destaca su contenido mineral de yodo, fósforo y magnesio.
Algunos tipos de
pescado: atún, bacalao, gamba, lenguado, merluza, pulpo, rape, salmón,
sardina y trucha.
Dentro de la
dieta equilibrada el pescado se encuentra en el grupo de los cárnicos,
grupo rico en proteinas de alto valor biólogico, vitaminas del grupo B,
minerales y oligoelementos. Estos elementos ejercen un papel fundamental en
el equilibrio nutricional de las personas.
La importancia
del pescado, concretamente el pescado azul, radica en su contenido en ácidos
grasos omega-3. Los ácidos grasos omega-3 son unas sustancias que
intervienen en la pevención de los procesos inflamatorios. Cuando el
organismo se ve atacado, por alguna vía, produce ciertos tipos de
sustancias llamadas neutrófilos, linfocitos y macrófagos que ayudan a
atacar y destruir a los virus y bacterias responsables de esta inflamación.
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