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Alimentos
cotidianos
En ocasiones, se
pelan demasiadas patatas que se acaban tirando porque adquieren un feo
color. Sin embargo y hasta que se utilicen, pueden guardarse en un
recipiente con tapa, bien cubiertas de agua con un chorrito de limón. Si la
idea es cocinarlas pasado más de un día, deberán estar en el frigorífico.
Para evitar que
el queso tome el olor de la comida que le rodea, conviene mantener la
quesera bien cerrada y además colocar un par de terrones de azúcar junto
al alimento. Si a pesar de ello se queda demasiado duro, un truco es
rallarlo y mezclarlo después con un par de claras de huevo bien batidas. Se
les da forma de pequeñas bolitas, se pasan por harina y se fríen en aceite
caliente.
El pan es un
alimento cotidiano que muchas veces queda sin consumir de un día para otro.
Una forma de aprovecharlo es hacer pan rallado y para eso, es preferible
introducirlo en la nevera, porque congelado es más fácil de rallar.
Es frecuente que
al vaciar la caja de las galletas queden en el fondo pequeños fragmentos
que se rompen y que, aparentemente, no tienen ninguna utilidad. Sin embargo,
se pueden moler y guardarlos después en un frasco hermético para
espolvorear postres.
El arroz frito
es una receta que sirve para aprovechar restos de comidas anteriores en un
plato diferente y completo y con buena presentación. Puede contener desde
carne de ternera o pechuga de pollo, pasando por tiras de bacon, brotes de
soja, pequeños camarones o champiñones.
Si en la
merienda sobran sandwiches de jamón y queso y se quedan algo resecos, una
opción es humedecer el pan con unas gotas de leche y rebozarlo a continuación
en huevo batido. Después se fríen en aceite o mantequilla, obteniendo así
unos deliciosos emparedados fritos.
Fuente: Repsol
YPF |