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Cada persona
tira en un año alrededor de 13 kilos de latas de aluminio y hojalata, lo
que supone más de seis millones de latas en toda España con las que podríamos
llenar 17.500 camiones de toneladas. Un envase de aluminio continúa
siendo un residuo sólido después de 500 años. Cuatro de cada cinco
latas de refresco que se fabrican en el mundo son de aluminio y sólo el
50% se recupera para su reciclaje. En Estados Unidos, cerca del 90% de las
latas de refresco son de aluminio y en 1989 se alcanzó un reciclaje del
60%. En dicho país se utilizan a diario tantas latas de acero como las
necesarias para construir una cañería desde Los Angeles a Nueva York, y
viceversa.
Actualmente,
siete de cada diez latas son de aluminio y tres de acero laminado. La lata
de acero blanco proviene del laminado del acero producido en las grandes
siderurgias. Los bloques de acero se llegan a prensa hasta obtener un
grosor de entre 2 y 0,16 mm. La tecnificación de este proceso de laminado
permite ahorrar en la actualidad un 40% del acero por cada lata respecto a
procesos menos modernos.
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Los botes de
aerosol, por ejemplo, están fabricados a base de este acero tan fino. Se
calcula que el precio de una lata es el 7% u 8% del valor de aquello que
contiene. Si bien las latas pueden ser recipientes adecuados para envasar
productos alimentarios e industriales, no debemos olvidar que constituyen
un residuo que representa el 2% del peso de las basuras domésticas. Las
latas se revisten con estaño y a menudo se cierran con aluminio; de esta
manera se garantiza una mejor estabilidad del producto, pero en cambio se
dificulta el reciclado.
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