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El vidrio es realmente uno de los mejores inventos del hombre. Los primeros restos encontrados datan de 1.500 años antes de Cristo (Egipto y Mesopotamia) y desde entonces su uso ha sido imparable. El hecho de que sea transparente, se pueda colorear, dar forma y no transmita sabor ni olor han sido sin duda algunas de las claves de su éxito. Sus infinitas aplicaciones hacen de él un elemento casi imprescindible.

Su composición es realmente muy sencilla y natural, básicamente sílice, silicato de sal y silicato de sosa. Son materiales muy abundantes y que además nos aportan otro valor añadido muy importante hoy en día: se puede reciclar. 

Por supuesto hay muchos productos que también se pueden reciclar pero a menudo no se hace ya que son muy costosos, tóxicos o trabajosos de manipular.  El vidrio, en cambio, es "muy agradecido" ya que al reciclarse mantiene sus propiedades inalterables y se aprovecha en su totalidad.

 

Tradicionalmente el envase (cuando se trataba de bebidas) se devolvía a los comercios y ellos te abonaban o descontaban su precio cuando volvías a comprar otra bebida. Esos envases volvían a la fábrica y tras su lavado eran vueltos a utilizar. Este proceso podía repetirse muchas veces. Hoy en día, por motivo de costos de mano de obra, de espacio o de logística de las empresas, en muchos países ya no se suele hacer. A partir de ahí, como mal menor, es cuando se hace imperiosa y vital la recogida selectiva del vidrio (y por supuesto la de otras muchas materias).

Fuente: Enbuenasmanos

 

Ley 34/2002 de servicios de la Sociedad de la Información

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