El vidrio es realmente uno de los mejores inventos del hombre. Los
primeros restos encontrados datan de 1.500 años antes de Cristo (Egipto
y Mesopotamia) y desde entonces su uso ha sido imparable. El hecho de que
sea transparente, se pueda colorear, dar forma y no transmita sabor ni olor
han sido sin duda algunas de las claves de su éxito. Sus infinitas
aplicaciones hacen de él un elemento casi imprescindible.
Su composición es realmente muy sencilla y natural, básicamente
sílice, silicato de sal y silicato de sosa. Son materiales muy
abundantes y que además nos aportan otro valor añadido muy
importante hoy en día: se puede reciclar.
Por supuesto hay muchos productos que también se pueden reciclar
pero a menudo no se hace ya que son muy costosos, tóxicos o trabajosos de manipular.
El vidrio, en cambio, es "muy agradecido" ya que al reciclarse
mantiene sus propiedades inalterables y se aprovecha en su totalidad.
Tradicionalmente el envase (cuando se trataba de bebidas) se devolvía
a los comercios y ellos te abonaban o descontaban su precio cuando volvías
a comprar otra bebida. Esos envases volvían a la fábrica
y tras su lavado eran vueltos a utilizar. Este proceso podía
repetirse muchas veces. Hoy en día, por motivo de costos de mano
de obra, de espacio o de logística de las empresas, en muchos países
ya no se suele hacer. A partir de ahí, como mal menor, es cuando
se hace imperiosa y vital la recogida selectiva del vidrio (y por supuesto
la de otras muchas materias).