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De aquellos años
son dos aportaciones que se han convertido en festejos de una tremenda
popularidad, la Ofrenda de Flores y la Ofrenda de Frutos. El acto más
multitudinario del Pilar, la Ofrenda de Flores, se celebra cada 12 de
octubre desde 1952. Este acto se comenzó a celebrar cuando una representación
del Ayuntamiento de Zaragoza trajo desde Valencia la costumbre de depositar
flores a los pies de la patrona de la ciudad. Seis años
más tarde, en 1958, se empezó a realizar la Ofrenda de Frutos, un acto en
el que cada mediodía del 13 de octubre las Casas Regionales afincadas en
Zaragoza presentan los mejores frutos de la tierra a la Virgen del Pilar.
Desde 1949 hasta
1978, justo antes de la llegada de la democracia a los Ayuntamientos,
Zaragoza tuvo Reina de Fiestas y Corte de Honor. Fueron los tiempos de
aquellos rancios bailes en la Lonja y de unas fiestas con escasa participación
popular. Unas fiestas alejadas de los ciudadanos y totalmente desligadas de
su tiempo que experimentaron un giro radical cuando se acercaban los años
80 del siglo XX. Al socaire de los nuevos tiempos que se respiraban en el país,
inmerso en plena transición política, en 1979 la primera corporación
democrática de Zaragoza tras 60 años decidió darle un giro a las Fiestas
del Pilar y sacar la fiesta a la calle.
En 2005 se
cumplieron 25 de Fiestas del Pilar como una de las celebraciones populares más
importantes de nuestro país y el referente de las fiestas de otoño.
En los programas
se combinan actos teatrales, conciertos, animación para niños, espectáculos
para adultos, festejos tradicionales como la Ofrenda de Flores, el Rosario
de Cristal y la Ofrenda de Frutos, corridas de toros, muestras de artesanía
y muchos otros eventos que convierten a Zaragoza en una gran fiesta popular,
participativa diversa y colorista.
Humor, diversión,
danza contemporánea, espectáculos visuales, teatro de sala, marionetas,
clowns, malabares, trapecio, mimo, animación de calle... Durante las
Fiestas del Pilar la ciudad se convierte en un inmenso escenario para la
fiesta. Casi en cada esquina podemos toparnos con un grupo teatral, un mimo,
un espectáculo visual, animación para los niños, danza, un concierto o un
momento de diversión.
A lo largo de
estos años las Fiestas del Pilar se han convertido en un referente festivo
y cultural de primer orden. La diversidad cultural y social es también una
de las señas de identidad de nuestras fiestas, un rasgo diferenciador que
viene desde mucho tiempo atrás. No en vano la profunda relación existente
entre Zaragoza y América ha marcado decididamente el devenir cultural de la
capital aragonesa y, al mismo tiempo, de sus fiestas mayores en honor de la
Virgen del Pilar.
Fuente:
FiestasdelPilar.com |