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La palabra romería viene de romero, peregrino. Define viaje o peregrinación, especialmente la que se hace por devoción a un santuario y también, fiesta popular que con meriendas, bailes, etc., se celebra en el campo inmediato a alguna ermita o santuario el día de la festividad religiosa del lugar.

Pues bien, sin menoscabo de otras que se celebran en España, si existe en una romería con verdadero arraigo y calado entre las gentes, ésta sin duda es la Romería del Rocío.

Se calcula que en la pequeña aldea de El Rocío, muy cerca de Almonte en la Provincia de Huelva, se concentran el lunes de Pentecostés más de un millón de personas, que acuden de los lugares más insospechados del mundo, atraídos quizás por la propia fama mundana que traspasa las fronteras de España o bien por el misticismo o religiosidad que contiene, dado que en esta romería se dan los dos extremos: el religioso y el festivo.

Otro dato interesante de esta romería es que peregrinan cerca de cien hermandades filiales que acompañan a la Hermandad Matriz de Almonte. Acuden en peregrinación de sitios tan apartados de estos lares como pueden ser Madrid, Barcelona, Badalona, Las Palmas, etc., así como personajes de la talla de su Alteza Real la Reina Doña Sofía de España o Su Santidad el Papa Juan Pablo II.

El origen histórico de la devoción a la Virgen del Rocío de todos conocida, se remonta al rey Alfonso X, el Sabio, quién después de la reconquista islámica se reservó unos terrenos de caza (pertenecientes al reino de Sevilla) que llegaban desde Mures (la actual Villamanrique) hasta el límite con las tierras de Niebla.

Este rey, devoto de la Virgen, como sabemos por las Cantigas pudo ser el que edificó en estos lugares una ermita dedicada a Santa María que después daría lugar a llamarse de las Rocinas.

La primitiva ermita de Ntra. Sra. de las Rocinas, citada en documentos del mismo siglo, y que al parecer fue construida por el mismo Rey Alfonso X, debió ser visitada por estos cazadores y monteros. De la ermita de Nuestra Señora del Rocío puede afirmarse con bastante probabilidad que existía al menos en la primera mitad del siglo XIV. Esta ermita primaria carecía de valor artístico. Pero esta ermita y la devoción a la citada Imagen cayeron en el olvido, tras las invasiones de los Benimerines y la posterior desolación de estos campos y villas, existiendo más de un siglo en que no aparecen noticias referentes ni a la ermita ni a la Sagrada Imagen.

 

Fue reconstruida en 1755, a raíz del terremoto de Lisboa y sucesivamente en los años 1846 y 1916 se realizaron determinadas reparaciones. La ermita tal como hoy la conocemos, comenzó con la colocación de la primera piedra en el año 1963, siendo bendecida seis años más tarde. Cuando se comenzó a celebrar la romería teniendo su origen en el Voto hecho en ese año, luego de la proclamación de la Virgen del Rocío como patrona de Almonte. Inicialmente la romería se fijó para su celebración el día 17 de septiembre, coincidiendo con la conmemoración del Dulce Nombre de María. Más tarde, y hasta nuestros días, la fecha se fijó definitivamente en la Pascua de Pentecostés.

Leyenda de la aparición de la Virgen

La memoria popular ha rescatado del olvido y ha transmitido de generación en generación el acontecimiento que supuso el descubrimiento de la Imagen en la misma zona que ocupa actualmente su santuario y la gran devoción que despertó desde un principio. La tradición no deja lugar a dudas sobre la pertenencia de la Virgen a Almonte, aunque señala claramente la participación de la villa de Villamanrique y su importancia en el hallazgo. A grandes rasgos, se relata que a principios del siglo XV, Gregorio Medina, un cazador de Mures (actualmente Villamanrique de la Condesa), encontrándose junto con sus compañeros de cacería, le tocó en suerte dirigirse a la zona de Las Rocinas, lugar muy frecuentado por los cazadores, y allí en la chueca o hueco del tronco de un árbol centenario halló la imagen de casi una vara de alto hollada por las inclemencias del tiempo. Al volver a colocarla en su sitio pudo ver en la espalda de la talla la siguiente leyenda: “María de los Remedios me llamo”.

Volvió al pueblo de Almonte, a cuyo término pertenecía aquel sitio, dando cuenta de su hallazgo. De esta población llegaron numerosos vecinos llevándose a dicha localidad la imagen. La noticia llegó a los demás pueblos de la zona, pero entre los vecinos de Almonte y de Villamanrique surgió una disputa en torno a la cuestión del acomodo de la imagen, que subsanaron siguiendo la costumbre de la época, unciendo en unas carretas dos yuntas de bueyes y que su fuerza decidiera el sitio donde se quedaba la Virgen. Ambas fuerzas quedaron igualadas sin conseguir avanzar a un lado ni a otro. Este hecho se interpretó como sentencia y se colocó la talla de la Virgen en el sitio en que fue encontrada, construyéndose una ermita de diez varas de largo gracias a las limosnas de los devotos

Esta versión forma parte de la tradición oral que comparten los pueblos de la comarca, salvo Almonte, que en sus Reglas (1758) establece que un cazador, sin decir de dónde, encuentra el simulacro La leyenda responde a un modelo generalizado y que en este caso presenta dos variantes fruto de los intereses contrapuestos de Almonte, que reclama la exclusividad del símbolo y los demás pueblos, especialmente Villamanrique.

Fuente: Jerez 2020

 

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