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El Encierro

El encierro es el acto que más se conoce de los Sanfermines y el motivo por el que muchos extranjeros llegan a Pamplona el 6 de julio. Básicamente consiste en correr delante de los toros un tramo de calle convenientemente vallada, y tiene como fin trasladar a los astados desde los corrales de Santo Domingo hasta los de la Plaza de Toros donde, por la tarde, serán lidiados. En total corren seis toros y dos manadas de mansos, y el trayecto, que transcurre por diferentes calles del Casco Viejo de la ciudad, mide 848,6 metros.

La peligrosa carrera, que se celebra todas las mañanas del 7 al 14 de julio, comienza a las 8:00 horas, aunque los corredores deberán haber entrado dentro del recorrido antes de las 7:30 horas. Unos minutos antes de que se inicie, los mozos que van a correr se encomiendan a San Fermín, y cantan por tres veces (7:55, 7:57 y 7:59 horas) ante una hornacina del Santo adornada con los pañuelos de las peñas que se encuentra en la Cuesta de Santo Domingo. En concreto, el cántico dice así: "A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición". Finaliza con los gritos de "¡Viva San Fermín!, ¡Gora San Fermín!?, y es uno de los momentos más emocionantes.

El Chupinazo

Chupinazo o Cohete anunciador de las fiestas tiene poco más de medio siglo de vida. El comienzo de las fiestas de San Fermín tenía lugar, desde hace siglos, cuando las autoridades municipales, acompañadas de maceros, gigantes, músicos y público iban a la iglesia de San Lorenzo a las Vísperas en honor de San Fermín. En 1901 se empezó a tirar cohetes espontáneamente en la Plaza del Castillo. En 1940 el teniente de alcalde Joaquín Ilundáin y el periodista José Mª Pérez Salazar propusieron al alcalde que el Chupinazo se tirara oficialmente desde el balcón del consistorio. Un año más tarde el alcalde prendía la mecha.

 

El Chupinazo lo dispara una persona designada por el Alcalde de la ciudad (habitualmente un miembro de la Corporación Municipal) el día 6 de julio a las 12 del mediodía, desde el balcón central del segundo piso del Ayuntamiento. Desde horas antes, pamploneses y foráneos, ataviados con el traje típico (pantalón y camisa blanca y faja roja) y refrescados con el champán que corre a raudales, abarrotan la Plaza Consistorial en espera de que empiece la fiesta para anudarse el pañuelico rojo al cuello.

El disparo del cohete y los gritos de ¡Viva San Fermín! y "Gora San Fermín!" convierten el Casco Viejo de la ciudad en una marea humana sumergida en una mezcla de cánticos, bailes, músicas y gritos de alegría que indican que la fiesta ha comenzado. El mejor sitio para contemplarlo es alguno de los balcones que circundan la Plaza del Ayuntamiento, ya que para introducirse en el interior de la misma hay que estar dispuesto a aguantar, durante más de una hora, toda clase de empujones, pisotones y estrechuras.

Pobre de mí

Ultimo acto oficial de la fiesta. Los pamploneses, provistos de velas, se concentran el 14 de julio a las 24,00 horas en la Plaza Consistorial, para despedir las fiestas e iniciar la "cuenta atrás" de los próximos Sanfermines. El alcalde, desde el balcón consistorial, es el encargado de despedirlas oficialmente y de convocar a todo el mundo a participar en las del año próximo, mientras se dispara una traca de cohetes desde la contigua Plaza de los Burgos. No obstante, el ambiente festivo no desaparece hasta altas horas de la madrugada.

Fuente: Web del Ayuntamiento de Pamplona

 

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