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La flor de las orquídeas, a pesar de la enorme variabilidad que manifiesta, resulta muy fácil de reconocer.

Cuenta una leyenda, que una cálida mañana apareció en las costas de Java una diosa recubierta con un delicado y perfumado chal. Paseaba plácidamente por un bosque de sándalos, robles, castaños y magnolias, donde los rayos del sol se filtraban entre las ramas de los árboles disipando las sombras de la noche. Al desaparecer la diosa, quedó sobre una rama el delicado chal, en cuyos pliegues jugaban las sombras y la luz. El chal se transformó en una hermosa y misteriosa flor, la orquídea, una de las más bellas y delicadas de la naturaleza. La planta murió cuando los hombres, sin delicadeza alguna, la pisotearon dejándola en el suelo. Sólo la bondad de la diosa pudo hacer revivir los gérmenes que quedaron, a fin de que en el mundo, desde entonces florecieran para admiración de todos los seres que a él pertenecían. Hoy, son flores de salón, de lujo, pero ayer las juntaban los hombres y las mujeres del pueblo en grandes ramos para ofrenda a sus dioses.

Cuidados de la planta

Este tipo de plantas no germina fácilmente fuera de su hábitat natural, debido a que requieren la asociación con hongos que las provean de nutrientes. Deben cultivarse en un sustrato compuesto de turba, raíces de helechos, fragmentos de poliestireno o carbón de leña y arena, con una aportación de mantillo de compost que sirva como reserva alimenticia. Las raíces deben estar cerca de la superficie. La temperatura en invierno no ha de ser muy alta y en primavera se debe aumentar el riego después de la salida de los primeros brotes florales. 

En un medio seco, a riesgo de que se pudran las plantas, y antes de que florezcan, es bueno pulverizar las plantas con frecuencia.

Fuente: Plantas y hogar

 

Ley 34/2002 de servicios de la Sociedad de la Información

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