El
diagnóstico de la anorexia se basa no sólo en la ausencia de un origen
orgánico definido, sino en la presencia de ciertas características. En
este sentido conviene recordar los criterios considerados por la Sociedad
Americana de Psiquiatría para el diagnóstico de la anorexia psíquica:
Rechazo a mantener el peso corporal por encima del mínimo normal
para la edad y talla.
Miedo intenso al aumento de peso o a ser obeso incluso con peso
inferior al normal.
Distorsión de la apreciación del peso, el tamaño o la forma del
propio cuerpo.
En las mujeres, ausencia de al menos tres ciclos menstruales
consecutivos en el plazo previsto (amenorrea primaria o secundaria).
Con vistas al diagnóstico es muy
importante efectuar una entrevista psiquiátrica y tener en cuenta que la
mayoría de los anoréxicos adolescentes acude siempre a la consulta
acompañada. Habitualmente es la familia la que aporta toda la información
necesaria, mientras que el paciente suele defenderse y negar el
comportamiento anoréxico.
Por lo general, la familia describe algunos
de los siguientes síntomas: amenorrea, estreñimiento, preocupación por
las calorías de los alimentos, dolor abdominal, preocupación por el frío,
vómitos, preocupación por la preparación de las comidas -propias y de
los demás-, restricción progresiva de alimentos y obsesión por la báscula,
preocupación por la imagen, discordancia entre la imagen y la idea,
abundancia de trampas y mentiras, hiperactividad y preocupación obsesiva
por los estudios, sin disfrute de ello.
En la mayoría de ocasiones son los
pediatras los que suelen tener el primer contacto con el paciente, aunque
las consultas iniciales pueden estar condicionadas por el síntoma que más
preocupa a la familia y al paciente. Así, cuando lo que predomina es la
amenorrea (falta de regla) acudirán al ginecólogo, ante el dolor
abdominal al médico de digestivo, ante la disminución de peso al
endocrinólogo... No es infrecuente que acudan a todos los especialistas,
efectúen una auténtica peregrinación médica y no cumplan las
recomendaciones.
La
evaluación del paciente anoréxico debe incluir una historia exhaustiva y
un examen físico completo. Los signos y síntomas de la anorexia
nerviosa, tal como se ha señalado anteriormente, deben investigarse. Al
mismo tiempo, también deben buscarse aquellos que puedan sugerir un
proceso orgánico. De éstos, los susceptibles de confundirse con la
anorexia son el hiper o hipotiroidismo, estados de malabsorción, diabetes
mellitus, tumores cerebrales, obstrucciones gastroesofágicas y enfermedad
de Addison.
Señales de alarma de la anorexia nerviosa
Comer como si estuviera a dieta, a pesar
de que ya está muy delgada.
Usar ropas muy holgadas o demasiado
grandes.
Estar preocupadas por el peso, por
conseguir dietas y por la figura.
Experimenta cambios de personalidad.
Experimenta vértigos, desmayos, pérdida
de conocimiento y dificultad para concentrarse.
Temor a aumentar de peso o engordar.
Percepción distorsionada del peso, tamaño
o figura de su cuerpo.
En las mujeres, la ausencia de al menos
tres ciclos menstruales consecutivos.
Ausencia de otro trastorno físico o
psiquiátrico que pudiera justificar la pérdida de peso o la negativa
de comer.
Comienzo del tratamiento antes de los 25
años de edad.
Presencia de al menos ciertos síntomas
fisiológicos asociados a la anorexia nerviosa, como:
Abuso de laxantes, diuréticos o píldoras
de dieta.
Hacer ejercicio de manera excesiva.
Puede que hasta 5 o 6 horas al día.