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El
diagnóstico, como se ha visto, no es difícil. Lo realmente difícil es
el tratamiento, dadas las implicaciones individuales, familiares y
sociales del síndrome. Se han ensayado muchos tratamientos en los
pacientes anoréxicos: psicoterapia, terapia comportamental,
medicamentosa, hiperalimentación, terapia familiar, etc ...
Los objetivos globales del tratamiento son
la corrección de la malnutrición y los trastornos psíquicos del
paciente. En primer lugar se intenta conseguir un rápido aumento de peso
y la recuperación de los hábitos alimenticios, ya que pueden implicar un
mayor riesgo de muerte. Pero una recuperación total del peso corporal no
es sinónimo de curación. La anorexia es una enfermedad psiquiátrica y
debe tratarse como tal. El tratamiento debe basarse en tres aspectos:
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Detección precoz de la enfermedad:
conocimiento de los síntomas por parte de los médicos de atención
primaria y de los protocolos que fijan los criterios que el médico
debe observar. |
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Coordinación entre los servicios
sanitarios implicados: psiquiatría, endocrinología y pediatría. |
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Seguimiento ambulatorio una vez que el
paciente ha sido dado de alta, con visitas regulares. |
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Las
hospitalizaciones suelen ser prolongadas, lo que supone una desconexión
del entorno que puede perjudicar el desarrollo normal del adolescente. Por
ello son aconsejables, siempre que se pueda, los tratamientos
ambulatorios. El ingreso en un centro médico es necesario cuando la
desnutrición es muy grave y hay alteraciones en los signos vitales;
cuando las relaciones familiares son insostenibles y es mejor aislar al
paciente; y cuando se agravan los desórdenes psíquicos.
El tratamiento
ambulatorio es eficaz cuando se detecta de manera precoz; no hay episodios
de bulimia ni vómitos; y existe un compromiso familiar de cooperación.
De esta manera se inicia el tratamiento con la realimentación, que en
ocasiones puede provocar molestias digestivas, ya que el cuerpo no está
acostumbrado a ingerir alimentos. Con el tiempo se restablece la situación
biológica y vuelve la menstruación.
Después comienza el tratamiento
psicológico, que intenta reestructurar las ideas racionales, eliminar la
percepción errónea del cuerpo, mejorar la autoestima, y desarrollar las
habilidades sociales y comunicativas entre el enfermo y su entorno. La
familia debe tomar parte de manera activa en el tratamiento porque en
ocasiones el factor desencadenante de la enfermedad se encuentra en su
seno y, además, la recuperación se prolonga inevitablemente en el hogar.
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