La adolescencia es una
etapa de la vida en la que se producen cambios de todo tipo: fisiológicos,
emocionales, sociales... En definitiva se pasa de niño o niña a hombre o
mujer. Estos cambios pueden influir favorable o desfavorablemente en la
conducta alimentaria del adolescente.
El papel de la alimentación
es el de aportar al organismo la energía y los nutrientes necesarios para
su correcto funcionamiento. Durante la adolescencia las necesidades
nutricionales son muy elevadas, ya que la mayoría de las transformaciones
son fisiológicas (aumento del peso y la estatura, maduración sexual...).
Se requiere, por tanto, un correcto control de la alimentación para
evitar carencias que podrían traer consigo trastornos de la salud. Para
esto es necesario conocer los cambios que se producen en esta etapa y cómo
modifican las necesidades energéticas y nutricionales.
Finalmente hay que decir
que la adolescencia es la última oportunidad de establecer normas dietéticas
antes de la instauración de hábitos de la edad adulta que en la mayoría
de los casos ser definitivos.
En esta etapa de la vida, los
chicos ganan más peso, que corresponde a un aumento de la masa muscular y
a un mayor desarrollo óseo, que también se lleva a cabo durante un período
mayor. En las chicas, el aumento de peso trae consigo una ganancia de masa
grasa. El crecimiento óseo es menor y, por tanto, se lleva a cabo durante
un tiempo menor.
Todas estas circunstancias
influyen en la alimentación, ya que los requerimientos nutricionales y
energéticos son diferentes según el tejido que se desarrolle. Por
ejemplo, la cantidad de proteínas necesaria para formar un kilo de masa
muscular no es la misma que para formar un kilo de masa grasa.