La
importancia del desayuno
El desayuno
ha sido tradicionalmente en España una comida ligera. Hace décadas en
las zonas rurales realizaban un desayuno poco abundante antes de comenzar
las tareas del campo, pero el almuerzo completaba entonces la necesidad
del organismo de nutrientes y no faltaban en la pausa a media mañana
embutidos, queso, huevos, pan, vino y/o aguardiente.
Hoy, sin
embargo, muchas personas consideran que han desayunado tras haber tomado
únicamente café, zumo o galletas... lo que dista de las recomendaciones
de dieta equilibrada. Además, el almuerzo brilla por su ausencia para
muchos debido a los rígidos horarios laborales, por lo que el desayuno,
ese gran olvidado, se convierte en aliado para afrontar el día con el depósito
lleno de glucosa, nuestro combustible energético. Hay que tener en cuenta
que durante toda la noche el cuerpo se ha mantenido en funcionamiento
gracias a las reservas aportadas durante la cena. Es en el momento del
desayuno cuando el cuerpo debe de renovar sus reservas energéticas para
poder desarrollar su actividad durante la mañana y el resto de la
jornada.
El desayuno
es importante para todos, ya que el cuerpo no aguanta en óptimas
condiciones más de 12 horas sin recibir ningún tipo de alimento. Además,
está comprobado que llegar al trabajo o a la escuela con el estómago
lleno repercute positivamente en la atención que se presta a las
actividades matutinas.
Es cierto
que pasar por alto la primera comida del día no implica caer desmayado al
instante, pues el cuerpo utiliza las reservas de nutrientes como fuente de
energía, pero esto conduce a cambios metabólicos que pueden perjudicar
la función normal del organismo; por otra parte, el que pretenda bajar de
peso omitiendo el desayuno está en un error, ya que está demostrado que
saltarse cualquiera de las comidas sólo trae como consecuencia llegar más
hambriento a la siguiente, devorando entonces todo lo que encuentre sin
acordarse de la dieta. Ninguna de estas excusas son válidas.