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Es importante que los adultos coman sano para reducir el riesgo de padecer enfermedades como la obesidad, cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes, osteoporosis, apnea del sueño, algunos tipos de cáncer y otras.

Para que la alimentación sea “saludable” debe incluir una gran variedad de alimentos. Así, es importante consumir alimentos de todos los grupos, en cantidades adecuadas a las necesidades particulares de cada persona, lo que llevará a disfrutar de las comidas.

No hay motivo para eliminar del plan de alimentación los alimentos favoritos. Lo que hay que hacer es aprender manejar las porciones, las cantidades. No hay alimentos malos o buenos, sino planes de alimentación malos o buenos.

Es importante comer con regularidad, disfrutar de esos momentos, programar las horas de las mismas sin saltearnos ninguna, es decir realizar desayuno, almuerzo, merienda y cena. Esto anulará la necesidad de comer grandes cantidades en ninguna de ellas.

 

La importancia del desayuno

El desayuno ha sido tradicionalmente en España una comida ligera. Hace décadas en las zonas rurales realizaban un desayuno poco abundante antes de comenzar las tareas del campo, pero el almuerzo completaba entonces la necesidad del organismo de nutrientes y no faltaban en la pausa a media mañana embutidos, queso, huevos, pan, vino y/o aguardiente.

Hoy, sin embargo, muchas personas consideran que han desayunado tras haber tomado únicamente café, zumo o galletas... lo que dista de las recomendaciones de dieta equilibrada. Además, el almuerzo brilla por su ausencia para muchos debido a los rígidos horarios laborales, por lo que el desayuno, ese gran olvidado, se convierte en aliado para afrontar el día con el depósito lleno de glucosa, nuestro combustible energético. Hay que tener en cuenta que durante toda la noche el cuerpo se ha mantenido en funcionamiento gracias a las reservas aportadas durante la cena. Es en el momento del desayuno cuando el cuerpo debe de renovar sus reservas energéticas para poder desarrollar su actividad durante la mañana y el resto de la jornada.

El desayuno es importante para todos, ya que el cuerpo no aguanta en óptimas condiciones más de 12 horas sin recibir ningún tipo de alimento. Además, está comprobado que llegar al trabajo o a la escuela con el estómago lleno repercute positivamente en la atención que se presta a las actividades matutinas.

Es cierto que pasar por alto la primera comida del día no implica caer desmayado al instante, pues el cuerpo utiliza las reservas de nutrientes como fuente de energía, pero esto conduce a cambios metabólicos que pueden perjudicar la función normal del organismo; por otra parte, el que pretenda bajar de peso omitiendo el desayuno está en un error, ya que está demostrado que saltarse cualquiera de las comidas sólo trae como consecuencia llegar más hambriento a la siguiente, devorando entonces todo lo que encuentre sin acordarse de la dieta. Ninguna de estas excusas son válidas.

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