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Por lo general, y por mucha actividad física que mantengan, las personas de la tercera edad no llegan al nivel de desgaste de energía que tenían cuando eran jóvenes, por lo que el consumo de ciertos alimentos tiene que disminuir considerablemente. Además, en su cuerpo pueden surgir enfermedades como la diabetes, la hipertensión o el reumatismo. Por todo ello, es conveniente que las dosis de dulces o sal no sean las que consumían antes. Otra razón por la que su alimentación debe cambiar es que si se preocupan en consumir fruta, verdura, y lácteos, entre otras cosas, su nivel de vida y su bienestar aumentarán considerablemente. Los ancianos deben hacer unas cuatro comidas al día, comer muy sano y evitar cosas como el alcohol, el tabaco, el azúcar en exceso, o las grasas.

Así, las personas de la tercera edad debe basarse en frutas, verduras, cereales y productos lácteos, para que sus huesos se mantengan fuertes y sanos. Los huevos se tomarán tres veces por semana, y aunque tienen que evitar los quesos grasos deberán tomar queso fresco, yogures y leche, mucha leche. Además de esto beber mucho líquido es muy importante para su salud. Puede tomar zumos de frutas, agua, leche e infusiones, y dejar de lado las bebidas con muchas calorías y con gas. Así su cuerpo estará hidratado y eliminarán toxinas. La fibra, tomada por medio de los cereales, la fruta y la verdura es indispensable para que su intestino funcione con regularidad.

 

Algunos consejos

Para conseguir una alimentación variada y equilibrada deben estar presentes en la dieta de forma diaria alimentos de los diferentes grupos en unas proporciones adecuadas, es decir, se deben tomar diariamente las siguientes raciones de los distintos grupos de alimentos:

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Lácteos y derivados: es aconsejable consumir 2 ó 3 raciones diarias de leche y derivados, bien en forma de yogur, leche o queso fresco, para cubrir los requerimientos de calcio.

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Cereales: este grupo de alimentos debe ser la base de la alimentación del anciano, con un consumo mínimo de 6 raciones al día (papillas de cereales, pan, arroz, pasta). Siempre deberá adaptarse la textura y preparación de los platos. La fibra la podemos aportar con la ingesta de pan, arroz y cereales integrales.

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Verduras y hortalizas: es recomendable el consumo de un plato de verduras cocidas en forma de puré al día más una ración diaria en crudo, como ensalada. La ensalada deberá estar bien troceada. En caso de dificultades en la masticación o la deglución, pueden transformarse las ensaladas en zumos frescos de verduras.

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Legumbres: Deben tomarse 2 ó 3 veces por semana. Si se acompañan de verduras y se toman en forma de puré son más fáciles de digerir.

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Carnes, pescados y huevos: debe alternarse su consumo a lo largo de la semana. En cuanto a las carnes, se preferirán las magras con una frecuencia de 3 ó 4 veces por semana, en preparaciones culinarias que faciliten su masticación e ingesta (filete ruso, albóndigas, croquetas, etc). Se recomienda un consumo de 3 ó 4 veces a la semana, preferiblemente al vapor, a la plancha o cocidos. Para que resulten más apetecibles se pueden servir acompañados de limón, hierbas aromáticas, etc. El único inconveniente de los pescados, son las espinas. En el mercado se pueden encontrar diferentes tipos de pescados a los cuales se les han quitado las espinas (merluza, bacalao, gallo, lenguado, etc). El consumo de huevos no debe exceder de 3-4 unidades a la semana.

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Frutas: Se deben consumir diariamente 3 o más raciones de fruta, bien en compota, zumo, asada, cocida o cruda (madura).

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Aceites: Utilizar en la medida de lo posible aceite de oliva. Evitar las frituras y las preparaciones en salsa que requieran gran cantidad de aceite.

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